miércoles, 22 de octubre de 2014

Después del parto...

Ríos de emociones, acantilados de lágrimas. Vulnerabilidad a su máxima expresión. Es fuerte, intenso, doloroso, oscuro y profundo el bendito postparto. Me revuelca, me sangolotea. Se deja ver el linaje familiar, sale a flote lo más arqueológico de mi psique. Tiempo de disolver el "yo". Ser mamá te exige concentrar toda pero TODA tu energía (mente, cuerpo y espíritu) en el pequeño crio. Yo, por el momento, estoy disuelta. Mi identidad se basa en cubrir todas las necesidades de mis hijos. Asearlos, alimentarlos, educarlos..etc..Ya no hay yo. Abogo de que debe de haber yo. Microcosmos-macrocosmos. Adentro-afuera...Pues ni para lavarse los dientes, que digo, ni ir a gusto al baño. Si aclaro, mis bebés son bellísimos. Pero yo, estoy deshecha, desconfigurada, rota...Me siento horrible, con los mismos trapos y con siete kilos de más. La lactancia abrumadora, no es para mí, no doy el ancho. En cambio parir es un placer, Ni modo así me toco y hay que sanarlo...

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